Historia
de la Via Flaminia
La
Via Flaminia consular tenía una función destacada
en su planificación inicial, la cual consistía
en alcanzar rápidamente la costa adriática septentrional
y desde allí el ager gallicus, dividido en lotes y distribuido
a los romanos por el mismo C. Flaminio durante su tribunado
del 232 a.C. Con este fin la calzada se diseñó
con un trazado lo más rectilíneo posible, lo que
requirió numerosos puentes, incluso monumentales, viaductos,
cimientos y "tagliate" ("trincheras")proyectados
por los ingenieros romanos y realizados por los "obreros"
(principalmente soldados). Con una longitud de más de
200 millas romanas, el recorrido de la Via Flaminia se desarrolla
en gran parte por territorio umbrío. Ya antes de su nacimiento
como vía consular, sin duda, representaba una vía
de comunicación que se superponía a una red viaria
digna de mención, trazada en tiempos más remotos
que hoy son difíciles de establecer.
La
vía consular constituía un ejemplo típico
de vía pública, superando, sin embargo, por la
calidad de su planificación y las soluciones técnicas,
a las demás grandes arterias romanas, entre las que fue
la primera que se dirigió hacia el Norte. Aunque no fuera
pavimentada en la medida en que lo era la Appia, y por tanto
menos ensalzada, en realidad garantizaba una mayor facilidad
y rapidez a la hora de recorrerla, por lo que los viajeros que
se dirigían a la Via
Domitia la preferían, y desde allí se dirigían
a la Via
Augusta, aunque la distancia que debían recorrer
respecto a la Aurelia y a la Cassia fuera mayor. Su uso continuado
durante las distintas épocas ha tenido como efecto positivo
su mantenimiento a lo largo de los siglos.
Para administrar
y restaurar las viae publicae se crearon algunas magistraturas
que tenían la función específica de cura
viarum y el mantenimiento de las infraestructuras viarias. Entre
los nombres de los magistrados que se ocupaban de ello ha llegado
hasta nosotros el del pretor Thermus (cónsul en el 63
a.C.) nombrado curator viae Flaminiae en el 65 a.C. Poco antes
del 20 a.C. Augusto constituyó un collegium de curatores
propiamente dicho, que él mismo supervisaba. En los primeros
tiempos en los que Augusto recibió el nombramiento de
curator, su nombre aparece junto al de algunas calzadas como
por ejemplo en el caso de curator viae Flaminiae. Un testimonio
de la contribución directa en el mantenimiento y restauración
de la Via Flaminia nos lo da de nuevo Augusto, el cual, entre
otras obras de restauración, en el 27 a.C. repavimentó
la calzada hasta Ariminum. Entre los personajes mas destacados
relacionados con el cuidado de la Via Flaminia cabe destacar
a los emperadores Vespasiano, Trajano y Adriano.
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